La idea está en tener en cuenta que pagando no siempre se obtiene el mejor software, y además, los fabricantes (desarrolladores, vendedores y/o responsables que correspondan) no tienen en cuenta los derechos de los consumidores o compradores de sus productos (los usuarios), avasallándolos con condiciones y restricciones de uso que en casi ningún caso garantizan el funcionamiento correcto de los programas que venden, y con lo que han obtenido dinero. Más aún, suelen establecer que los productos se venden "como están", y si les gusta bien, o en caso contrario se joden. Además, en sus licencias, dicen que se debe comprar una por cada computadora que se posee. Si todos intentaran aplicar reglas similares para la venta de otros productos, entonces los fabricantes de sartenes, por ejemplo, dirían que cada sartén que venden es para uso personal, y que se debe comprar una por cada habitante que haya en cada casa, siendo ilegal prestársela al vecino para cocinar sus huevos fritos. Y por supuesto cada restaurant debería comprar una por cada cliente que ingrese, estando prohibido reutilizarla con otro cliente sin el consentimiento expreso y por escrito del fabricante. Y si el dueño de una sartén decide invitar a comer a sus amigos, ¡deberá comprar tantas sartenes como amigos invite! Si esto suena como una imbecilidad, una payasada y una locura, pues entonces, amigos míos, ¿qué les hace pensar que con la venta de software las cosas deben ser diferentes? Mientras los derechos de los consumidores de estos productos no estén absolutamente resguardados, el mejor camino a seguir, y sin entrar en ninguna contravención a nada, es utilizar la mayor cantidad de productos gratuitos, freeware, de uso libre, o cualquier cosa similar, en la que nadie se perjudique económicamente por haber adquirido un producto de mala calidad.